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domingo, 9 de octubre de 2011

Año feo parte Dos

Y nada, tampoco tuve mucho tiempo para dejar que mis errores me dolieran, pero había momentos... Las horas que pasaba en el autobús, las eternidades en las que me sentía tan cansada que no podía dormir... Me asaltaba la culpa. Amaba y el amor se desperdiciaba sin llegar a su destinarario, quería hablar sin que nadie pudiera oírme, tenía poco tiempo y ese poco tiempo lo pasaba sola.

Los días de persona que tuve los puedo contar con una mano. Y tengo a quién agradecérselo. Los amigos de siempre que quedaban en el bar de siempre, al que cada sábado me invitaban a ir, Los amigos de la facultad, siempre ofreciendo rave después de las clases, Aleix, siempre ofreciendo apoyo y compañía... Personas que aún a sabiendas de que la mala racha ha pasado, van a seguir ahí, para compartir risas en vez de palmadas en la espalda.

Y nada, ya no se desperdicia amor, siempre estoy contando bobadas a gente que me escucha (o que lo intenta), ya nunca estoy sola, ya tengo a quien necesito, que coincide con a quien quiero. Ya me están curando los huesos, y ya tengo en mi mano todas las herramientas para daros envidia. Y debería dárosla, porque no os hacéis una idea de lo feliz que soy.

Y esta vez, la motivación es pura. No necesito exprimir piedras, porque nado en ella. Gracias a todos.
Un besito en la nariz,
Blanca =)

Año feo parte Uno.

Buenas tardes,

Hoy he venido a hablaros del curso 2010/2011. Ése que empezó mal y acabó igual. Sé que ese curso se corresponde con la vida de este blog y que raramente escribía algo que diera la impresión de ser triste o desmotivado. Pues bien, solía estarlo secretamente, lo que no sabéis es que soy una superheroína y lograba sacar las ganas exprimiendo las piedras.

Todo el verano pasado estuve deseando la llegada de Septiembre, Sevilla, la Universidad, los nuevos compañeros, el Marshall Eriksen que debía aparecer el primer día en la facultad, la independencia, aires que nunca había probado. Quería todo eso y lo quería tanto que se me olvidó que no lo necesitaba. Lo agarré todo y una vez en mis brazos, me gobernó la sensación de que me daría igual soltarlo. Aún así seguí con mi nuevo equipaje un tiempo, hasta que esa indiferencia empezó a quemar, y pasé a querer soltarlo. Una tarde, la tarde que menos esperaba, empecé a necesitar soltarlo. Abrí los brazos y dejé todo caer, orgullosa porque creía equivocadamente que me había deshecho a tiempo de todo aquello.

Tenía esguinces en los huesos de sostener todo aquello que no necesitaba, y esperaba inocentemente que lo que necesitaba estuviera aún ahí, dispuesto, deseoso vendarme las articulaciones. Como la niña pequeña que abandona sus juguetes y sabe que estarán ahí cuando le apetezca volver a jugar con ellos. Mal pensado, porque ya no estaban, porque eran personas y no juguetes.

viernes, 7 de octubre de 2011

Nunca escribo letras de canciones por aquí, básicamente porque en el momento en que véis algo en verso salíis huyendo despavoridos. Aún así, pienso hacer una excepción, a pesar de que la canción que os enseño no es ni de lejos la más bonita que conozco. Simplemente, me parece sencilla, y lo sencillo siempre me pareció bello.

Cuando estás enamorado, Cuando estás enamorado
No hay forma humana de ocultarlo.
Cuando estás enamorado, enamorado de veras
Simplemente dejas que tu corazón decida.
Lo confiesas con cada suspiro,
cada mirada, cada latido de tu corazón.
Querrías que el mundo entero también lo supiera
Cuando estás enamorado como yo lo estoy de ti.


Venga, que es cortita. Y de camino aprovecho para recomendaros el musical del que la he sacado: Siete novias para siete hermanos, basada en la leyenda de las Sabinas, de Plutarco. Es TAN guay que se ha convertido en mi musical favorito. ¡sí, sí, mi favorito!. Ojalá vistiéramos ahora como se vestía entonces allá por Oregon.
Un besito en la nariz! Y bueno, para que no se os haga tan dura la lectura, aquí podéis oirla =)
Blanca.

http://www.youtube.com/watch?v=EgpF5RLF1SU&feature=related

lunes, 19 de septiembre de 2011

Rave nula

Después de un verano maravilloso, vuelven las clases.
Empecé esta mañana el Conservatorio de Danza, pero la facultad no empieza hasta la semana que viene. ¿Qué significa eso? Pues que aburrida me encuentro, sin internet, con los jedi y Han Solo aún en Sanlúcar, y sin nada más que hacer por las tardes que una monografía para Filosofía de la Cultura. De ahí el título de esta entrada: Rave nula. Creo que por ahora lo llevo bien, porque he gastado el día en lo bueno de ser universitaria: Comprando material escolar. Jamás me cansaré de estrenar cuadernos, pero ¡qué rápido me canso cuando de ellos cuando los estreno!. Ahora me apetece comprar un lapicero, y una papelera de colores. Pero eso no se compra en una papelería, eso ya es asunto del chino de debajo de mi nueva casa (que por cierto, es un palacio).
Y ya está, ya he hecho todo lo bueno, así que más o menos he sobrevivido a mi primer día en Sevilla, pero presiento que a mitad de la semana me habré sentido bastante sola, y a finales de la misma ya me habré vuelto loca.

Si os preguntáis que qué pretendo con este egocéntrico boletín de noticias, es poneros al corriente de mi estado, y pediros un gran favor. Si alguna tarde estáis muy aburridos, llamadme. Me alegraréis el día, atrasaréis el momento en el que pierda la cordura, y me haréis muy feliz. Yo os contestaré muuuy entusiasmada, pero si hablo con menos sentido que al que os tengo acostumbrados, es que ya es demasiado tarde. Me habré hecho una amiga imaginaria y le estaré contando todos los cotilleos del mundo mágico.

Un besito en la nariz =)
Blanca.

Llamadme. Llamadme. Llamadmeeeeeee. ¡Ah! La razón por la que puedo publicar esto aún sin tener internet es porque he ido a la facultad (en cuya sala de informática me encuentro en este momento) a sacar un libro de la biblioteca llamado 'El hombre y la Cultura', de Ruth Benedict. Así que ya veis la semana que me espera.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Alina Cojocaru y Johan Kobborg




No quisiera irme de este mundo sin verlos bailar en directo.
Un besito en la nariz.
Blanza =)

Por cierto, es una indirecta por si me queréis regalar un viaje a Londres y una entrada para cualquier Giselle que bailen estos dos en la Royal Opera House.

Alfredo no terminó de contar la verdadera historia

Érase una vez un soldado que se enamoró de una princesa. Al ver que no tenía posibilidades, intentó enamorarla de otra forma, que sería la siguiente: Esperaría bajo su ventana 100 días y 100 noches, hiciera frío o calor, hasta que la princesa se enamorase de él y bajara a concederle su mano. Así lo hizo. Pasaron los días y el soldado no se movía de debajo de la ventana. La lluvia caía sobre él, se le helaban las manos, tiritaba de frío, pero él seguía en su sitio, impasible. Llegó la noche 99 y él seguía allí, las lágrimas caían sobre sus ojos, estaba destrozado. Y después de tanto sufrimiento, en la noche 99, se levantó y se fue.

Aquí acaba el cuento que Alfredo le cuenta a Salvatore (Totó) en Cinema Paradiso, película que os recomiendo con mucho mucho entusiasmo. Por esta historia, por la magia y por la maravillosa banda sonora. No es una fábula muy esperanzadora para un Totó que buscaba consejo al no ser correspondido. Casi no se comprende, aunque bien visto tengamos claro que una mujer que hace a tal hombre sufrir de tal manera, no es digna de tal sufrimiento dedicado. Yo una vez presencié el verdadero final de la historia.

Tarde, pero la princesa se enamoró de él. Lástima que se diera cuenta cuando el soldado ya se estaba marchando. Debería haber corrido detrás de él, agarrarle de la manga, tirarlo hacia ella y darle el beso que merecía. Pero no lo hizo porque, cielos, ¡es una princesa! ¡y una princesa no debe hacer esas cosas!. El orgullo siempre está presente en las historias como ésta, pero llega el momento en el que es ese orgullo mismo y no la concupiscencia lo que las convierte en tiernas. Mientras ella se arrepiente en su alcoba, añorando la imagen del soldado bajo su ventana, él se dedica a disfrutar de su vida, que 99 días desperdiciados son muchos para la sonrisa tan bonita que tenía.

Un día se volvieron a encontrar. Ella era ahora la enamorada, y le prometió 100 días y 100 noches bajo su ventana. Empezó, de hecho, a cumplir su promesa, permaneciendo bajo el sol abrasador de pleno mes de julio. Pero él no fue tan cruel como lo fuera ella en su momento, de modo que a las dos semanas, el soldado bajó de sus aposentos y ¡obviamente! que sé que lo estáis esperando, la besó. Y ahí siguen, besuqueándose bajo la ventana.

Que sí que sí, que yo los he visto.
Un besito en la nariz, Blanca =)