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martes, 1 de febrero de 2011

Y así es cómo conocí a vuestra...

... Tía Alicia.
Será una historia maravillosa que contarle a mis siete hijos, cuando les esté leyendo las entradas de este blog para que se duerman del aburrimiento. Pero Ali nunca fue aburrida, así que hablaré sobre ella cuando estén más lúcidos que a la hora de las sábanas blancas.

En realidad, no recuerdo cómo la conocí. En los ensayos de 'Chicago', supongo. Pero eso no importa, lo que realmente hay que contar es todo lo que vino después, todo aquello que la convirtió en una de las personas más importantes de mi vida, y en una amiga con la que afortunadamente, siempre puedo contar.
Y no soy promiscua con la palabra siempre. Siempre, es siempre cuando se trata de Alicia Vidal Cordero. Con ella, todo es lo que es: Fe, confianza, bondad, disponibilidad.

Amistad.
Es el paradigma no sólo de toda chica, sino de toda persona. Si no me creéis, contaré algunas anécdotas que muestren una ínfima parte de su magnanimidad. Siempre será una parte insignificante, porque hay que conocerla, y estoy segura de que aún hay mucha grandeza en ella que no he visto aún, más generosidad, más espiritualidad.
Una vez, comenté que me gustaba recibir cartas. No creí que nadie me escuchara, y pensé que el comentario se perdería en el viento, como lo harían estas entradas si Ali no estuviera ahí para leerlas una por una. Estuve triste por un tiempo, no me salía nada bien y mi padre se veía decepcionado por mi decisión de estudiar filosofía. Cansada anímicamente, un día abrí el buzón y había... ¡Una carta de Hogwarts! No... Mucho mejor que eso: Una carta de Ali, que había sido enviada por correo y todo, pese a vivir en el mismo pueblo. Palabras escritas que me daban ánimos y me hacían comprender por fin eso que tanto dicen: 'Un amigo es un tesoro'. Siempre guardaré esa carta, como recordatorio de cuánto le debo a Alicia.
Por mi cumple, me hizo ella misma una 'B' con un hada de punto de cruz. Porque ella sabe que son más especiales los regalos que se hacen con las manos, y que 'Yo creo, sí creo. Yo creo en las hadas (8)'.
Uno de los días más importantes de mi vida fue el de la prueba de acceso al Conservatorio de Danza. Ella vino a Sevilla y se quedó a dormir conmigo. Me acompañó a la prueba y esperó fuera, horas, hasta que saliera del aula y le contara que qué tal me había ido.
Ella, que siempre está presente cuando la necesito, también lo está espiritualmente. Pase lo que pase.
Come what may
Porque sólo ella es capaz de ver bondad en lo más oscuro de la humanidad. Nunca piensa mal de nadie. Porque para ella, todos somos ositos de peluche, y nunca lobos. Y es que quién podría ser un lobo, teniéndote delante.
Tú, y no la Cocacola, eres la razón para creer en un mundo mejor.
Gracias por haber estado siempre ahí, y porque sé que lo seguirás estando.

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